Hoy en día, opinar en libertad se ha vuelto un deporte de alto riesgo. No porque te metan a la cárcel, sino porque si no te ajustas al guion de "buenos contra malos", te expulsan de la conversación. Hemos permitido que la política deje de ser una gestión de recursos para convertirse en una religión donde la duda es pecado y el fanatismo es la única prueba de lealtad.
El negocio de la indignación
¿Te has fijado que ya no discutimos ideas, sino intenciones? Si señalas un error, no te responden con datos; te responden con un diagnóstico psicológico: "Eres un odiador", "estás resentido", "te pagan para decir eso".
Esta es la trampa perfecta. Al etiquetar al mensajero, el mensaje se anula. Ya no importa si hay corrupción, si faltan medicinas o si la inseguridad nos está devorando; lo único que importa es que quien lo dice es "el enemigo". Mientras tanto, la objetividad y el sentido común se quedan huérfanos en un rincón.
La comodidad de la hipocresía
Es muy fácil ver la viga en el ojo ajeno. Nos indignamos por la violencia del bando contrario, pero justificamos los insultos del nuestro como "defensa propia". Esa es la verdadera crisis: la pérdida de la dignidad personal ante la masa. Nos hemos vuelto expertos en la ceguera voluntaria, ignorando realidades incómodas —como alianzas oscuras o abusos de poder— simplemente porque reconocerlas significaría darle la razón "al otro".
¿Hacia dónde vamos?
Un país donde las familias se rompen por defender a políticos que no conocen sus nombres es un país que ya perdió. El odio no se combate con más odio, ni la transformación de una sociedad se logra agachando la cabeza ante el dogma de turno.
Abramos el debate (sin etiquetas)
La pregunta no es quién tiene la razón, sino qué estamos dispuestos a salvar. Te invito a reflexionar y comentar:
¿Prefieres tener la razón o que las cosas funcionen? A veces, por querer ganar una discusión política, celebramos fracasos que nos afectan a todos.
¿Cuándo fue la última vez que cambiaste de opinión? Si nunca lo haces, felicidades: no estás pensando, estás obedeciendo.
¿Estamos defendiendo ideales o solo estamos defendiendo colores?
La puerta está abierta. Si vas a debatir, hazlo con argumentos, no con adjetivos. El país ya tiene suficientes gritos; lo que le faltan son ideas.
¿Qué piensas tú? ¿Estamos a tiempo de recuperar el sentido común o ya nos ganó la polarización?
