En los últimos años, el debate sobre una posible intervención militar de Estados Unidos en México para aniquilar a los cárteles ha dejado de ser una teoría de conspiración para convertirse en un tema prioritario en la agenda de Washington. Ante esta amenaza, pseudo-periodistas y analistas afines al gobierno mexicano han lanzado una advertencia romántica: que los 35 millones de mexicanos en EE. UU. se levantarían en una rebelión que paralizaría al imperio.
Están equivocados. Esa visión ignora la frialdad con la que opera la maquinaria de seguridad nacional estadounidense. EE. UU. no improvisa; ya tiene el manual escrito. Su nombre es Orden Ejecutiva 9066, y en un escenario de guerra contra los cárteles en territorio mexicano, la Casa Blanca no dudaría en aplicarla de nuevo, pero con la letalidad digital del siglo XXI.
El Antecedente: La Orden Ejecutiva 9066 (1942)
Tras el ataque a Pearl Harbor, el gobierno de Franklin D. Roosevelt no se tentó el corazón. Bajo el pretexto de una "quinta columna" de espías infiltrados, el 19 de febrero de 1942 firmó la orden que mandó a 120,000 personas de origen japonés a campos de concentración.
Con los recursos rústicos de la época —papel, trenes y censura manual—, el ejército barrió con comunidades enteras. No importó que dos tercios fueran ciudadanos estadounidenses nacidos en EE. UU.; el criterio fue racista, preventivo y absoluto. La seguridad nacional aplastó los derechos civiles en un parpadeo. Hoy, esa misma maquinaria tiene ojos en cada teléfono y manos en cada cuenta bancaria.
Aquí están las 5 acciones fulminantes que Washington aplicaría:
1. El "Cercado Digital": Vigilancia Algorítmica Preventiva
A diferencia de 1942, el control hoy es invisible y total. Mediante Inteligencia Artificial y el monitoreo en tiempo real de metadatos, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) activaría una red de pesca masiva.
La Acción: Identificación y aislamiento inmediato de perfiles "disidentes" en redes sociales. Cualquier intento de convocatoria a protestas o rebelión sería decapitado algorítmicamente antes de que la gente siquiera llegue a la esquina. Te apagan antes de que hables.
2. El "Torniquete Financiero": Bloqueo Total de Remesas
El cordón umbilical que une a la diáspora con México es el dinero. Una de las primeras órdenes ejecutivas sería la suspensión de facto de toda transferencia hacia el sur.
El Efecto: No solo se asfixia la economía de México en 72 horas, sino que se deja a los mexicanos en EE. UU. sin capacidad de financiar cualquier tipo de resistencia. Un pueblo sin acceso a su dinero es un pueblo paralizado y enfocado en la pura subsistencia.
3. Reclasificación como "Extranjeros Enemigos"
El estatus legal (Visas, Green Cards, DACA) es un privilegio que el Ejecutivo puede revocar con una firma en tiempos de guerra.
La Acción: Deportaciones express y cancelaciones de permisos de trabajo para cualquier individuo que asome la cabeza en una protesta. Bajo la etiqueta de "amenaza a la seguridad nacional", se eliminan los juicios largos y se procede a la expulsión inmediata o el encierro preventivo.
4. Fragmentación de Identidad: "Lealtad o Traición"
Washington sabe que los 35 millones no son un bloque unido. La inteligencia militar explotaría las fracturas internas: los ciudadanos integrados y con hijos en el ejército contra los inmigrantes recientes.
La Estrategia: Venderían la invasión como una "misión de liberación" para salvar a las familias en México de las garras del narco. Obligarían a la población a elegir bando: o estás con las barras y las estrellas, o eres un aliado del terrorismo narco. No habrá puntos medios.
5. Centros de Detención Selectiva y Control de Movilidad
Olvídate de las barracas de madera. EE. UU. usaría su red de bases militares y centros de ICE para el internamiento de "objetivos de alto valor".
Zonificación: Se impondrían restricciones de viaje brutales en estados frontera como Texas, Arizona y California. Con retenes militares internos exigiendo pruebas de ciudadanía para cruzar de una ciudad a otra, cualquier intento de "levantamiento" regional quedaría sofocado en seco por el peso de las botas militares.
La delgada línea entre la seguridad y la integración
Es imperativo subrayar que el escenario aquí planteado representa un extremo hipotético, una "opción nuclear" administrativa que solo vería la luz en el colapso total de la diplomacia. A pesar de las retóricas incendiarias de campaña y las tensiones por la seguridad fronteriza, la realidad que ha imperado durante décadas es radicalmente distinta: la colaboración.
Hoy, México y Estados Unidos no son solo vecinos; son órganos de un mismo cuerpo económico. La integración regional alcanzada a través de tratados comerciales, cadenas de suministro entrelazadas y familias que viven con un pie en cada lado de la frontera, ha creado una interdependencia que hace que cualquier agresión de este tipo sea, en la práctica, un acto de autoflagelación para Washington.
La Orden 9066 es un recordatorio de lo que el Estado puede hacer en momentos de ceguera y pánico, pero la solidez de la relación bilateral actual sugiere que el futuro de ambos países no reside en el control y la sospecha, sino en la inevitable necesidad de entenderse para prosperar. En el siglo XXI, la verdadera seguridad nacional no se construye con cercados digitales, sino con la estabilidad de una región que ya no puede entenderse la una sin la otra.


