Imagínate la escena: Eres Napoleón Bonaparte. Has ganado batallas imposibles, tienes a medio continente comiendo de tu mano y acabas de firmar la paz con los rusos. Estás en la cima del mundo. ¿Qué haces para celebrar? Pues lo que hacían los "reyes" de antes: una cacería de conejos.
Para esto, Napoleón le encarga la fiesta a su mano derecha, el mariscal Berthier. Pero Berthier, que era un poquito "lamebotas" y quería quedar bien con el jefe, pensó: "Si traigo poquitos conejos, el emperador se va a aburrir. ¡Traigamos a todo el árbol genealógico de Bugs Bunny!". El tipo mandó traer entre 2,000 y 3,000 conejos.
Aquí fue donde metió la pata hasta el fondo. En lugar de ir al bosque a cazar conejos salvajes (que te ven y corren como si no hubiera un mañana), Berthier fue a las granjas y compró conejos domésticos.
El "Ataque de los Clones" (Versión Orejona)
Llega el día. Napoleón se baja del carruaje, se acomoda el uniforme, agarra su escopeta y pone cara de tipo duro. Los soldados abren las jaulas esperando ver una estampida de bichos huyendo por el campo. Pero los conejos tenían otros planes.
Para esos conejos, un humano significaba una sola cosa: "¡LLEGÓ LA CENA!".
En lugar de correr hacia el bosque, los tres mil conejos se dieron la vuelta, miraron a Napoleón y dijeron: "¡Ese bajito de sombrero chistoso trae las zanahorias!". Y ahí empezó el caos. La horda empezó a saltar encima del emperador.
"¡Sáquenme estos bichos de encima!"
Napoleón al principio se rió, pero la risa se le borró rápido. Los conejos no eran agresivos, pero eran miles.
Se le metían entre las piernas.
Le trepaban por las botas.
Le tironeaban de la chaqueta.
Los generales de Napoleón, que habían enfrentado cañones y bayonetas, estaban ahí dándoles manotazos a los conejos con fustas y palos, pero los bichos pasaban por debajo de sus piernas como si fueran una marea imparable.
Lo más increíble es que, según cuentan los chismes de la época, los conejos se dividieron en dos columnas de ataque. ¡Literalmente le hicieron una maniobra de flanqueo al mejor estratega de la historia! Mientras unos lo distraían por delante, otros le daban la vuelta para que no pudiera escapar.
La Gran Retirada
Napoleón, el hombre que no le tuvo miedo a nada, entró en pánico. Se dio la vuelta y salió corriendo como alma que lleva el diablo hacia su carruaje. El tipo se metió de un salto y gritó que arrancaran ya.
Pero la cosa no acabó ahí. Se dice que varios conejos, con una determinación de acero, ¡saltaron adentro del carruaje! por la ventana. Napoleón tuvo que ir todo el camino de regreso peleándose con conejos dentro del coche y lanzándolos hacia afuera por la ventanilla mientras el carruaje iba a toda velocidad.
La Moraleja de la Historia
Al final, Napoleón aprendió dos cosas ese día:
Nunca subestimes a un enemigo hambriento, aunque pese dos kilos.
Si vas a organizar una cacería, asegúrate de que tus presas no te vean como su mesero personal.
Fue el momento más ridículo de su vida. El tipo que podía mover ejércitos enteros por toda Europa fue "derrotado" por una bola de pelos que solo quería una hoja de lechuga.