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Cuando la libertad se erosiona, RESISTIR es existir.
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Opinion

La Paradoja del Intelecto: Por qué el Conocimiento es el Antídoto del Dogma


Hay una frase que circula mucho y que a los defensores del control estatal les incomoda más de lo que admiten: "Quien lee a Marx completo y de verdad lo entiende, deja de ser comunista en ese instante". Y no es solo un decir. Cualquiera que se haya sentado a desmenuzar sus páginas se da cuenta de que el sistema se cae solo; no aguanta un análisis serio. Para creer en eso hoy en día, hay que tener muchas ganas de no ver la realidad o dejarse llevar puramente por la emoción. Pero lo curioso es cómo, en un intento por no quedar expuestos, han tratado de darnos la vuelta a la tortilla con un cinismo que asombra.

El truco de la comparación religiosa Últimamente, quienes defienden estos modelos fracasados se han inventado una maniobra de distracción bastante burda. Como no pueden defender sus números, han lanzado el ataque hacia otro lado: dicen que "leer la Biblia entera te vuelve ateo". Es una trampa. No están tratando de debatir sobre religión ni mucho menos; lo que quieren es que pienses que tener fe es igual de "absurdo" que creer en sus teorías económicas.

Quieren convencernos de que el comunismo es solo otra "creencia" y no el error histórico que ha demostrado ser. Buscan que la gente deje de mirar los estantes vacíos y las cifras de inflación para perderse en discusiones espirituales donde todo es relativo. Pero por más que intenten cambiar el tema, los hechos no se borran.

Cuando la teoría choca con la realidad El problema con el colectivismo no es solo que las cuentas no cuadran; es un tema mucho más profundo, es un tema de respeto al individuo. Cuando uno lee a Marx con ojo crítico, no encuentra la solución mágica al hambre, sino una receta que te pide entregar tu libertad a cambio de una promesa que nunca se cumple. Ignoran lo básico: cómo somos los seres humanos y qué nos motiva a esforzarnos.

A veces nos dicen que quienes no apoyamos esto es porque "no entendemos", pero es al revés. Lo que vemos es una resistencia terca a aceptar la historia. Insisten en un método que, donde se ha puesto en marcha, ha traído escasez. Se basan en la idea de que el Estado sabe mejor que tú qué te conviene, anulando tu voluntad por una "felicidad general" que siempre se queda en manos de unos pocos. Al final, es un sistema que no aguanta una pregunta incómoda, y por eso siempre termina queriendo callar a los que piensan distinto.

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El Método del Garrote vs. la Libertad de Elegir

Aquí es donde se ve la verdadera cara de la moneda, esa que la propaganda de hoy intenta ocultar a toda costa. Hay una diferencia abismal: mientras que en una democracia hemos aprendido a convivir con el que piensa diferente (aunque no nos guste), los regímenes que siguen al pie de la letra el manual de Marx no pueden darse ese lujo. Son, por naturaleza, excluyentes.

A estos sistemas la libertad individual les estorba; les da pánico. En cuanto alguien empieza a cuestionar las cosas, la estructura completa empieza a tambalearse. Por eso, su única salida es obligar a todo el mundo a pensar igual, a marchar al mismo ritmo. Querer comparar nuestras instituciones, con todos sus fallos, con la maquinaria de control de una dictadura totalitaria no es solo un error, es un insulto a la historia y a la verdad.

Hay que decir las cosas claras y sin miedo. Todo este cuento de usar "espejos" para criticar la religión o las tradiciones es el último manotazo de ahogado de una ideología que ya no tiene resultados que mostrar. No se traguen ese anzuelo del "ateísmo intelectual" diseñado solo para generar clics y confusión en redes sociales.

Si leer a Marx a fondo te termina convenciendo de que el libre mercado es el camino, es simplemente porque el sentido común te dicta que no puedes apoyar un suicidio social. El colectivismo ha sido, posiblemente, el engaño más costoso de la historia. Al final del día, los que todavía lo defienden prefieren ignorar lo más básico: que la libertad, con todo y sus retos, siempre será la mejor cura contra la miseria.

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